
Tres discos que le gustan a la
Sylvia Aguilar:
Antony & The Johnsons.
I am a bird now. Dos palabras definen este álbum: estilo y drama: la voz suave, trémula y radiante de Antony envuelven en la vulnerabilidad, pasión y lamento de sus letras que nos dictan el drama de la soledad : “Hope there’s someone who’ll take care of me when I die” o bien nos muestran el deseo transgenérico: “One day I’ll grow up to be a beautiful woman, one day I’ll grow up to be a beautiful girl”; por otro lado, son las intervenciones de piano, violín, cello y sax lo que le otorgan la sustancia exacta a cada una de las canciones si a esto sumamos la intervención de Boy George en You are my sister y la introducción de Lou Reed a Fistfull of love entonces tenemos al final un disco que merece algo más que el “ little bit of love” que ruega Antony al final del álbum. (Sylvia Aguilar Z.)
The Futureheads. Este es el álbum debut de Futureheads, conocido en todo caso por algunos EP’s, y en él se nos muestra un grupo juguetón, travieso y bastante listo. Es cierto que a ratitos uno se acuerda de los Smiths o de Franz Ferdinand, lo que nos muestra que el grupo ha hecho su tarea, pero si algo distingue a este grupo es la presencia de momentos armónicos vocales (tipo los hermanos Zavala, pero en inglés) que le dan un toque encantadorcillo a su propuesta. De las letras no hay mucho qué decir, la verdad, ni estorban ni sobresalen. No sé si eso sea bueno o malo. Lo que sí es precisamente el track de Robots (aunque los niños de seis años opinen lo contrario) que nos muestra lo que habría pasado si Devo hubiera sobrevivido. Lo mejor del disco es el cover que hacen de Hounds of Love de Kate Bush donde muestran su capacidad de dar brincos entre lo profundo y lo dinámico, entre lo poderoso y lo meramente emblemático. (Sylvia Aguilar Z.)
Modest Mouse.
Good News for People who Love Bad News. Modest Mouse nos envuelve de nuevo en el mundo de las contradicciones, no sólo por el título sino porque en sí el álbum nos lleva de la vida a la muerte, del silencio al ruido, de lo relevante a lo sencillo, del blues en Satin in a coffin al rock de Dance Hall pasando por el pop de Float on, todo de una manera fascinante: guitarras, bajos y voces que se conjugan para mostrarnos la aguda declaración musical que Modest Mouse ya hizo en The Moon & Antarctica y que nos hace sentir menos “insane” como ellos mismos dicen. (Sylvia Aguilar Z.)