Sunday, August 01, 2010

Tijuana, La Libertad

1. En la sala del aeropuerto, a deshoras de la mañana, un anciano cuenta a una pareja sus historias. Insiste en que "todas son muy bonitas".
Mientras no llega ni el avión ni las azafatas ni el café, a un fortachón le estorba la camisa.
Una guapa no se cansa de pasear sus nalgas apretadas en una mezclilla blanca. Una adolescente y su blusita buscan con quien coquetear.
Una señora rubia, con un vestidazo y tacones no deja de hablar de Detroit. Un señor finge ver su "smart phone" pero mira a la entaconada.
Entra a la sala una familia completa y el señor, con todo su acento ranchero posible, pregunta: ¿"Aquí llega el avión que va a Hermosillo?".
Reconozco en una doña chaparra a una profesora de la universidad. Un viejo elegante con sombrero y bastón me obliga a desear un bastón.
Un joven carga un estuche de guitarra y un ojo gacho. Parece que abandonar Tijuana a las 7 am no le cae bien. A nadie, pienso, nos cae bien.
Una madre lee a su nenita un libro en el que se adivinan sirenas, barcazas y príncipes azules. Quizá una bruja malvada o un hada.
Se habla de machaca y menudo y sobaqueras y tacos de cabeza en esa sala de aeropuerto. Se menciona, con miedo, al sol. Y al calor.
Mucha maleta, tanto equipaje, en esa sala.
La madre abandona el libraco e imágenes en el asiento. Su niña "lee" y se detiene en la sirena y el príncipe azul. La señora se maquilla.
Una burbuja de angustia, coquetería, recuerdos, felicidad y hastío, esa sala de aeropuerto.
El del bastón, la de Detroit, el fortachón, el parlanchín, la coqueta, la de las blancas nalgas, el del ojo gacho, todos, de pronto, se van.
Apenas las 7 am y ya abandono Tijuana. Uno nunca debería abandonar Tijuana. Menos a esa hora.
Fui a Tijuana a deshacerme de tanto verano del desierto. Allá lo dejé, en La Libertad.
Tijuana está llena de todo.
2. En una banca en la Revolución y 5, un jovencito regala a su novia un peluche y una figura de papel. Ella le regala un beso de origami.
Una pordiosera muy joven se detiene frente a mi hotel, en Revolución y 5, y se dedica a sacarse los mocos con empeño digno de mejor causa.
Una banda toca a Pink Floyd, la pordiosera joven no suelta sus bolsas de Ley y tampoco deja de sacarse los mocos. Se ve concentrada.
Pasa un tipo con botas y espuelas y bolsa de canguro amarrada a una pierna como pistolera. Los de Pink Floyd siguen con comfortably numb.
En Tijuana, en el verano del desierto, dije "tengo frío".
Al salir del aeropuerto y entrar a Tijuana aspiré la brisa marina. Al regresar al desierto respiré algo que podría ser miedo.

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